lunes, 22 de marzo de 2010

Es difícil sustraerse, en esta sociedad que nos induce hacia nuestras peores bajezas, al culto del ego, de nuestro ego, y reconocer que los puntales de nuestra vida, de nuestro cuerpo, de nuestra mente, son otras personas, ajenas como todas; mujer, hijos... Personas inevitablemente independientes y ajenas, pero tan ligadas a nuestro deseo de vivir que constituyen nuestra raíz... mí raíz.