1.1 CONSEJOS PARA PRINCIPIANTES
Un buen aprendiz de superhéroe puede, en principio, observar
el caso del chico Robin, alias Ricardo Tapia. No me refiero precisamente a
Batman Forever, pues obviamente en esa película se desarrolla un síndrome
dudoso e intrincado entre superhéroe y joven traumado de fines del siglo
veinte. Me parece que allí el autor se dejó llevar por el snobismo de querer
asimilar un verdadero campeón de la justicia, a la realidad psicótica de la
sociedad desnaturalizada de fin de siglo, con la correspondiente ausencia de
sol, por la continua presencia de nubes negras y la desaparición total de cualquier
elemento natural, excepto algunas rocas (de hecho, la cueva de Batman es una
caverna en la montaña).
Aparte entonces, del equívoco mal ejemplo dado en Batman
Forever, todo aquel que desee iniciarse en el oficio (puesto que no es
profesional, dado que no se percibe remuneración de ninguna especie material)
de la súper heroicidad, deberá tener presentes y cumplir los siguientes
requisitos.
Primero, será obediente. Es decir, obedecerá la ley y la
justicia, defendiendo las instituciones democráticamente establecidas y
electoralmente legitimadas, respondiendo positivamente a los estímulos de mando
emitidos por los órganos competentes, llámense políticos, jefes de policía,
generales del ejército, etc. Cabe hacer un paréntesis aquí, para aclarar bien
los términos. Se han desarrollado en los últimos años, síndromes de pseudo
superhéroes, los que tienen en común solamente, con los verdaderos SuperHéroes
(obsérvese que fue escrito con mayúsculas), el físico privilegiado y el
desmedido afán de defender la justicia. Pero, estos psh (pseudosuperhéroes,
abreviadamente) ejecutan la justicia mercenariamente, por su propia mano
desobedeciendo, por lo común, a la autoridad establecida. Tómese a modo de
ejemplo de tal desviación, el caso de los Rangers de Texas, donde el petiso
contraría sistemáticamente los mandatos superiores, en una actitud personalista
(que no está tan mal, por supuesto), díscola y caótica. Tal vez, como única
justificación que puede aminorar en algo la culpabilidad de tal actitud, es que
el jefe es un negro, lo que conforma un cuadro francamente anómalo (aunque muy adecuado al
progresismo inclusivo que campea, o campeará, en el siglo veintiuno). Obsérvese que, en
cualquier caso, es muy fácil que un superhéroe en semejante actitud pueda ser
engañado y dirigido hacia objetivos foráneos, que se oponen a la bonanza del
sistema.
Segundo (retomando el hilo de la conversación, luego de esta
disgresión puntualizadora), hará barras, pesas, aparatos, a los efectos de
desarrollar convenientemente los bíceps, tríceps, cuadríceps y todos los íceps
que hay a la vista. Asimismo, será recomendable que cada mañana, antes del
desayuno, realice cuatrocientas lagartijas y trescientos cincuenta abdominales.
El principiante habrá observado que los físicos de los salvadores de la
humanidad siempre son similares al de Adonis. Esta es una cuestión estética,
pero téngase presente que a los malhechores (siempre gorditos, o flaquitos
defectuosos) les asusta el solo hecho de ver una figura que podría competir en
cualquier certamen de físico-culturismo. O sea, que la cuestión trasciende el
plano estético, para transformarse en una presión psicológica sobre los
enemigos del sistema. Digamos, los superhéroes meten miedo.
Tercero. Un adalid debe ser inteligente, o por lo menos,
parecerlo. Por eso, es conveniente que el iniciado en estas lides ejercite
diariamente frente a un espejo poses y movimientos que denotan inteligencia,
así como gestos de medio perfil. También debe practicar la crítica al sistema,
no olvidar que el izquierdismo esnobista está de moda y da muy buenos
dividendos, entonces, denunciar carencias secundarias, o emitir juicios que
denoten rasgos progresistas que, el buen superhéroe, jamás llevará al terreno
de los hechos, ni al razonamiento hasta sus últimas consecuencias. Damos aquí
algunos ejemplos que pueden ser de
utilidad para ilustrar lo dicho. Frase uno: no estoy de acuerdo con que haya
hambre en el mundo (no se aclara si hay que repartir equitativamente la comida,
o matar a todos los pobres). Frase dos: estoy cansado de ver niños mendigando
por las calles, mi deseo es que desaparezcan (no se aclara cómo, si dándoles
hogar, o trabajo a los padres, o mejorando el funcionamiento de los escuadrones
de la muerte, de los cuales Brasil cuenta con larga experiencia). Frase tres:
el racismo es aberrante (aquí no se aclara si hay que matar a todas las
otras razas y permitir que sobrevivan
únicamente los arios, o sea, la superraza de los superhombres, o hay que
eliminar a todos los racistas, aunque de un análisis superficial sobre la
ideología de los superhéroes se deduce claramente que la primera opción es la
correcta). Frase cuatro: debemos defender la naturaleza y la vida, porque sin
la primera no existe la segunda y sin la segunda, no existiríamos los humanos
(esta es una frase peligrosa, porque no deja mucho espacio para la
interpretación, si el lector-aprendiz desea saltearla, está autorizado
expresamente por el autor). Frase cinco: la droga es el opio de los pueblos
(aquí denotarán el enorme poder de síntesis y su amplitud de pensamiento, pues
estarán tomando una frase del archienemigo del bien, Karl Marx, modificándola).
A su vez, deben evitar frases tales como: «hay que matar a
todos los políticos», sustituyéndola por
«desenmascararé a los políticos corruptos» (Apostilla; ojo, es una frase, no se
la vayan a creer).
En síntesis, un paladín de la justicia debe ser un
librepensador, al mejor estilo de los socialistas utópicos, pero fuertemente
determinado por el aristotelismo escolástico, aderezado con neoliberalismo enmascarado.
Cuarto. Un adalid de la justicia debe ser culto. Esto
implicaría un esfuerzo neuronal que seguramente, cualquier aprendiz no está en
condiciones de realizar, por falta de suficiente masa encefálica. Para paliar
este déficit insoluble, el iniciado podrá recurrir a cualquier diccionario
enciclopédico y leer los nombres de los famosos pensadores, científicos y
escritores de las diferentes épocas históricas, junto con los títulos de sus
obras principales y alguna frase célebre de cada uno. En caso de resultarle un
trabajo demasiado voluminoso para su memoria, podrá seleccionar dos prohombres
por cada letra del abecedario y memorizar una frase célebre de cada uno.
Quinto. Por último, los aprendices de
paladines deberán aprender artes marciales, pues en la actualidad cualquier
malhechor de la última calaña sabe dar golpes y ejecutar llaves, así como
desprenderse de ellas. Y sería muy bochornoso que nuestro paladín quedara
despatarrado en su primer intento por salvar a la viejita de las garras del Guasón,
por culpa de una patada a la mandíbula que lo dejara noqueado. Es una cuestión
de credibilidad, ¿no?
