Despedida
Llega
agotado y mete la llave en el trampero de la cerradura. Un par de vueltas a la
derecha y la palanca afloja, abre. Entra cabizbajo, media vuelta y cierra sin
portazos, levanta los ojos, la puerta cancel está abierta y la atraviesa. Pasa
como una exhalación por el living, mientras ella está dejando dos tazas sobre
la mesa, lo esperaba.
-
Hola.
No contesta
y se mete en el dormitorio. Ella vuelve a la cocina, irá a cambiarse, piensa,
mientras trae una jarra con café y en la mano izquierda unos escones que
preparó para esperarlo, sabe que le encantan y quiere alegrarle el regreso. El
aroma de los escones recién horneados seduce cualquier corazón pétreo, sin
embargo él ni cuenta se dio, no advirtió el olor, demasiado incluido en sí
mismo.
Vuelve de la
habitación hacia el living, ella ya está sentada a la mesa, pero en silencio.
No se anima a mirarlo. Él tampoco a ella. Se sienta sin hablar.
-
¿Quieres café?
-
Sí.
-
¿Con azúcar?
-
Sí.
Hoy está
monosilábico, piensa ella. ¿Tendrá otra? ¿Será que me va a decir que se enamoró
de otra mujer y me va a dejar? Eso me pasa por no querer aún un hijo, en mi
estúpida creencia de que debemos disfrutar un tiempo de estar juntos y el sexo,
pero no, soy estúpida, por qué me negué, por qué me hice aquel aborto si
todavía estoy escupiendo sangre. Qué imbécil soy, ahora lo perdí, ahora ya no
me quiere más y está midiendo el momento y las palabras con las que me va a
decir que se va con otra. O peor, que me vaya yo de la casa, que no sirvo para
nada, que no cumplo con mis deberes de mujer, ni siquiera un hijo le doy. Es
que soy mala y me lo merezco, merezco que me eche y me deje tirada en la calle,
apenas con una muda de ropa. Yo me lo busqué y así estoy, a esto llegamos.
-
Me despidieron, dijo él
lacónicamente, y no se habló más del tema.

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