viernes, 9 de agosto de 2019

Despedida


Despedida


Llega agotado y mete la llave en el trampero de la cerradura. Un par de vueltas a la derecha y la palanca afloja, abre. Entra cabizbajo, media vuelta y cierra sin portazos, levanta los ojos, la puerta cancel está abierta y la atraviesa. Pasa como una exhalación por el living, mientras ella está dejando dos tazas sobre la mesa, lo esperaba.
-         Hola.
No contesta y se mete en el dormitorio. Ella vuelve a la cocina, irá a cambiarse, piensa, mientras trae una jarra con café y en la mano izquierda unos escones que preparó para esperarlo, sabe que le encantan y quiere alegrarle el regreso. El aroma de los escones recién horneados seduce cualquier corazón pétreo, sin embargo él ni cuenta se dio, no advirtió el olor, demasiado incluido en sí mismo.
Vuelve de la habitación hacia el living, ella ya está sentada a la mesa, pero en silencio. No se anima a mirarlo. Él tampoco a ella. Se sienta sin hablar.
-         ¿Quieres café?
-         Sí.
-         ¿Con azúcar?
-         Sí.
Hoy está monosilábico, piensa ella. ¿Tendrá otra? ¿Será que me va a decir que se enamoró de otra mujer y me va a dejar? Eso me pasa por no querer aún un hijo, en mi estúpida creencia de que debemos disfrutar un tiempo de estar juntos y el sexo, pero no, soy estúpida, por qué me negué, por qué me hice aquel aborto si todavía estoy escupiendo sangre. Qué imbécil soy, ahora lo perdí, ahora ya no me quiere más y está midiendo el momento y las palabras con las que me va a decir que se va con otra. O peor, que me vaya yo de la casa, que no sirvo para nada, que no cumplo con mis deberes de mujer, ni siquiera un hijo le doy. Es que soy mala y me lo merezco, merezco que me eche y me deje tirada en la calle, apenas con una muda de ropa. Yo me lo busqué y así estoy, a esto llegamos.
-         Me despidieron, dijo él lacónicamente, y no se habló más del tema.


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